Como el agua que vuelve a su curso normal tras una tempestad, como el sol que retoma su lugar cada mañana en el horizonte sin fin de nuestros anhelos, como el abrazo incesante de la lluvia en las noches brumosas, finalmente he vuelto al lugar de donde no quisiera irme nunca, el SENA. Es curioso cómo nos cambia la perspectiva entre el momento en que somos unos mocosos imprudentes pretendiendo comernos el mundo armados solo de sueños, y el instante en que, ya cargados de experiencias y melancolías, descubrimos que lo que desdeñábamos tenía tanto o más valor que aquello que anhelábamos con desesperación. El SENA es un lugar de aprendizaje para la vida, para el trabajo, pero también para el espíritu, para el compartir, para entrenar nuestras habilidades sociales y aprender a formar parte de un equipo. Es el lugar de las oportunidades.
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Y... VOLVÍ DE NUEVO AL SENA
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