lunes, 13 de diciembre de 2021

PSICOLOGÍA JURÍDICA


Si pudiera especializarme en algún campo de la Psicología, elegiría sin dudar la Psicología Jurídica.


Quizás porque sé muy bien -y de primera mano- que los procesos psicológicos que llevan a las personas a cometer actos que tienen repercusiones legales, son bastante complejos pero, quizás, con la debida orientación y análisis, prevenibles. Quizás porque me apasiona encontrar ese leve, casi imperceptible límite que las almas desesperadas cruzan en algún momento y que les lleva a cometer acciones de las cuales a la larga, se tendrán que arrepentir, por una u otra razón. Tal vez porque entiendo ese abismo oscuro en el que yo misma me vi sumida alguna vez y que me condujo a hacer equilibrio sobre el borde de una filosa cuchilla, entre la vida y la muerte.







Ojalá cuando por fin me gradúe de esta vaina, pueda tener cómo especializarme. La vaina es para qué, y si el esfuerzo realizado se vea compensado, o no. Aquí nunca se sabe. Conozco gente que ha invertido hasta lo que no tiene por estudiar una carrera, una especialización, un magíster y, en últimas, han tenido que ponerse a manejar taxi o a vender empanadas.


En todo caso, sería bastante pintoresco, pasar de excombatiente a perito psicológico en temas jurídicos, ¿no?

GOBERNAR VIDAS AJENAS




Me perdonarán pues, pero cada quien en su vida personal, es lo que quiera ser y punto. Qué jijuepuerca vicio el que tiene alguna gente de querer meterse a gobernar vidas ajenas cuando no son capaces ni con la propia, parce, a lo bien.

sábado, 12 de septiembre de 2020

LA EVALUACIÓN (Santa Rosalía, Vichada, 09/2020)



Nadie se imagina la angustia que representa presentar una evaluación virtual en un rincón del mundo como éste, donde no existe la interconexión electrica y la conectividad es un mito así como medio utópico (apareces "conectado" a la red wi-fi cuando en realidad no hay señal de red, o sea que estás conectado a la nada).

Diseño de Proyectos Sociales. Tenía pavor de abrir el link de la evaluación porque presentía que apenas lo hiciera y empezara a contestar, se iba a apagar la planta generadora del pueblo o la señal se iba a caer del todo y mi intento de contestar la evaluación iba a quedar flotando a la deriva en una nube eterna que -cual cometa con la cuerda reventada- empezaría a navegar hacia los confines del universo, escudriñando sus secretos y la profundidad de mi angustia existencial, como evidentemente pasó cuando iba por la mitad del fatal cuestionario, eran las nueve de la noche y no pudieron volver a prender el generador diesel que surte de electricidad a este poblado.


Aquí estoy, dos horas después, a oscuras, con esa extraña sensación de orfandad que me invade cuando la ley de Murphy me recuerda que estoy atada a los caprichos insondables de una providencia siempre tragicómica y adversa.

Hoy, sin embargo, le logré hacer trampa. No salió tan bien como hubiera merecido pero tampoco tan mal como hubiese sido posible. En medio del desespero por terminar la evaluación que había tenido que dejar como pan a medio masticar, se me ocurrió llamar a mi amiga Yoli Garcia, quien muy amablemente realizó tooooodos los pasos casi de comedia paranóica que la UNAD exige para entrar a su plataforma, incluído el ritual de geolocalización. Sí, imagínense, hasta satélite gringo de espionaje le meten a la vaina.


La idea era establecer comunicación con ella no bien entrara al campus virtual, para ir refiriéndole las respuestas al cuestionario online. Pero acá hasta la señal de WhatsApp confabuló en mi contra. La llamé vía telefónica, la señal se caía literalmente a cada minuto, así que completé la medio pendejadita de 28 llamadas consecutivas a la abrumada Yoli para poder llegar al final de la evaluación. Obvio, con tanta interferencia y ruido estacionario y colgadas y vueltas a marcar y etcéteras, se nos fueron tres o cuatro respuestas erradas. Creo que nunca había sufrido tanto para recibir en contraprestación apenas un pinche 7,5. Pero nunca me sentí más aliviada de no haberme ido en ceros. Gracias, Yoli. Y perdón por trasnocharte tanto.



miércoles, 10 de junio de 2015

VOLVIENDO AL SENA




Como el agua que vuelve a su curso normal tras una tempestad, como el sol que retoma su lugar cada mañana en el horizonte sin fin de nuestros anhelos, como el abrazo incesante de la lluvia en las noches brumosas, finalmente he vuelto al lugar de donde no quisiera irme nunca, el SENA. Es curioso cómo nos cambia la perspectiva entre el momento en que somos unos mocosos imprudentes pretendiendo comernos el mundo armados solo de sueños, y el instante en que, ya cargados de experiencias y melancolías, descubrimos que lo que desdeñábamos tenía tanto o más valor que aquello que anhelábamos con desesperación. El SENA es un lugar de aprendizaje para la vida, para el trabajo, pero también para el espíritu, para el compartir, para entrenar nuestras habilidades sociales y aprender a formar parte de un equipo. Es el lugar de las oportunidades.

Y... VOLVÍ DE NUEVO AL SENA

Dicen que el buen hijo vuelve siempre a casa. Y quién soy yo para desmentir refranes. A fin de cuentas, en el SENA es donde más he aprendido...